La política exterior de Trump: decisiones unilaterales a golpe de tuit

Cómo Trump ha reestructurado la presidencia en más de 11.000 tweets. Picture: Josh Haner/The New York Times (2015)

“El futuro no pertenece a los globalistas”, dijo Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, en la Asamblea General de las Naciones Unidas. “El futuro pertenece a los patriotas”, sentenció. Era martes 24 de septiembre, y unos días más tarde, a inicios de octubre, Trump anunció por sorpresa y por Twitter que retiraba las tropas del norte de Siria. Eso significó el abandono de los kurdos a su suerte ante la ofensiva de Turquía y sus aliados sirios en el norte del país.

La Estrategia Trump

Todos los movimientos que Trump hace, aunque a veces imprevisibles, ya los anunció en diciembre de 2017, cuando presentó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional que buscó “retornar al realismo basado en principios” y que marca cuatro grandes objetivos a cumplir: proteger al país y al pueblo norteamericano, fomentar la prosperidad en EEUU; preservar la paz e impulsar la influencia de EEUU en el mundo. China y Rusia son designados como los competidores estratégicos, en el marco de una estrategia donde la prioridad del sistema multilateral internacional se reduce y se superpone mayor importancia a la seguridad económica de EEUU.

A finales de octubre, la revista The Economist publicó una portada que lanzaba una pregunta: “¿Quién puede confiar en la América de Trump?”

La pregunta decía “la América de Trump” porque es costumbre que Trump tome decisiones unilaterales. “La decisión de abandonar a los kurdos fue tomada sólo por el presidente”, explica Mary Beth Altier, doctora en Política, profesora en la New York University y consultora en el Centro de Compromiso Global del Departamento de Estado de EE.UU.. Donald Trump fue elegido a raíz de una campaña centrada en Estados Unidos, en “Hacer América Grande Otra Vez”. Trump, comenta Altier, está intentando hacer eso, “como mínimo en su retórica”. El presidente habla apelando a su base de seguidores, “pero seguramente no sea consciente del todo de que sus decisiones no son tan buenas para América como él dice”, sentencia Altier.

El exrepresentante republicano Justin Amash, que renunció al partido en julio después de pedir que se destituyera al presidente, le criticó en una entrevista con NBC News por usar a las tropas estadounidenses a su merced. Trump tuiteó que retirando el apoyo a los kurdos estaba “trayendo los soldados de vuelta a casa”, pero eso era falso. De hecho, le contradijo su secretario de Defensa, Mark Esper, en rueda de prensa: “Las tropas que abandonan el norte de Siria se dirigen a Irak para luchar contra el ISIS”.

La promesa de traer a los soldados estadounidenses a casa no se cumplió, “simplemente las está trasladando a otras partes de Oriente Próximo”, dijo Amash en NBC News. Mary Beth Altier puntualizó que “también las está recolocando en Arabia Saudí”, aliado de EE.UU. que, a finales de año, sufrió un ataque con drones en una instalación petrolera. No se supo quién perpetró el ataque, aunque Estados Unidos envió más tropas a Arabia Saudita como “fuerza disuasoria de Irán”, país que estaba entre la lista de sospechosos, añade Altier.

En Irán, Trump apostó por retirarse en mayo de 2018 del pacto nuclear y lanzar una campaña de sanciones que presionaran a Teherán a ceder ante un mejor acuerdo para Estados Unidos. Por ahora no se ha conseguido nada. El presidente Hassan Rouhani, de hecho, descartó públicamente las conversaciones con Estados Unidos hasta que se levantaran dichas sanciones. Adam Szubin, exsubsecretario interino del departamento de Inteligencia Financiera y Terrorismo, explica en la revista The Atlantic que el tipo de sanciones aplicadas a Irán, al ser unilaterales, sólo por parte de Estados Unidos, genera que Irán pueda eludirlas a través de otros países.

Con el abandono de las tropas kurdas también “se impacta significativamente en cómo otros países ven a Estados Unidos en calidad de aliado”, comenta Altier. Y no sólo los otros países, los mismos soldados del Ejército estadounidense contaron en exclusiva para el diario The New York Times que “se sentían avergonzados”. “Confiaron en nosotros y rompimos esa confianza”, dijo un oficial del Ejército que trabajó junto a los kurdos en el norte de Siria en una entrevista con el periódico neoyorkino. Mary Beth Altier dice que por lo que sabe “ningún miembro militar recomendó a Trump una retirada de las tropas como la que ha hecho”. Si bien es verdad que era una alianza “oportunista”, y cualquier alianza así está condenada a terminarse cuando a una de las partes no le interese participar más, el gran efecto que ha tenido esta retirada es “en la reputación de Estados Unidos”. 

Altier explica que otro gran tema es que los kurdos se entrenaron con las fuerzas estadounidenses, y ahora tienen conocimientos militares de las tácticas que usa EE.UU. que podrán pasar a los rusos, rivales de Estados Unidos y ahora aliados con los kurdos. La periodista del Washington Post, Anne Gearan, explicó en un artículo que “las acciones de Trump en Siria se suman a la lista de movimientos políticos que han impulsado a Rusia durante su presidencia”.

Rusia anunció, nada más saber la retirada de apoyo de Estados Unidos a las fuerzas kurdas, que su ejército se movería hasta Manbij, ciudad del norte de Siria, para llenar un vacío de seguridad que dejó Trump tras la retirada de las tropas estadounidenses. El objetivo de Rusia, y de ahí su colaboración con los ejércitos turco y sirio, es reforzar su alianza con Siria y apuntalar el puerto militar ruso alojado en el país.

Las fuerzas kurdas también ayudaron a derrocar al líder de Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, pese a que Trump no reconoció los méritos y dijo que la muerte de al-Baghdadi era una victoria de Estados Unidos. Ben Wedman, el corresponsal internacional de la CNN en Beirut, apuntó que “no hay razón para concluir que la amenaza de la red remota de afiliados y simpatizantes del ISIS ha desaparecido con el fallecimiento de al-Bagdadi”.

En materia de política exterior Estados Unidos “sufre esencialmente con conflictos de construcción de Estados”, comenta Altier. El ejemplo que ilustra esta afirmación es Afganistán. “Fue bastante estable durante un tiempo”, pero una vez que Estados Unidos empezó a retirar las tropas, los talibanes empezaron a llegar otra vez, explica la profesora.

Este año, los talibanes conquistaron gran parte del territorio y el diario The Washington Post publicó en exclusiva, también a finales de año, más de 2.000 páginas de documentos con 400 entrevistas, que determinaron que la guerra de Afganistán fue una guerra “disfuncional”, e imposible de ganar. Es decir, los documentos revelan que los funcionarios de alto rango que estaban en Afganistán generalmente opinaron que era una guerra perdida y que hubo esfuerzos explícitos y sostenidos por parte del Gobierno de Estados Unidos para engañar a los ciudadanos estadounidenses.

Con la publicación de “The Afghanistan Papers” se desmontó la versión oficial de Bush, Obama y Trump sobre el conflicto en Afganistán, que se inició en 2001 como respuesta a los atentados del 11 de septiembre. Se planteó como un conflicto en el que Estados Unidos estaba ganando. El coronel de contrainsurgencia Bob Crowley contó: “Todos los datos fueron alterados para presentar la mejor situación posible”. El Washington Post dijo que publicó las informaciones en un artículo exhaustivo ya que “ahora, que la Administración de Trump negocia con los talibanes y valora si debe retirar 13.000 soldados de Afganistán, el público debe estar informado”.

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