TODAS SOMOS INFLUENCERS

 

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by the talented: agnieszkachabros.com

Si eres usuaria habitual de cualquier red social, consumidora de medios de información tradicionales o simplemente espectadora pasiva de televisión, probablemente estés familiarizada con el término influencer.

Odiado por algunas y proclamado por otras a los cuatro vientos como bandera de una profesión que a muchos aún se les escapa de su mente cuadriculada, el neologismo influencer (dicho sea, aún no aceptado por la RAE) responde a “persona con cierta credibilidad cuya presencia en redes sociales puede convertirse en prescriptora de una marca”.

En escrito queda muy bonito y probablemente ayude a las compañías que aún no han decidido usar el marketing inbound como estrategia de venta a dar el salto, pero yo creo que es una descripción reduccionista (aunque en realidad todas las definiciones de menos de dos frases sean quizá reduccionistas).

También abogo por la idea de que todas somos influencers, que siempre lo hemos sido (desde el principio de los tiempos) y que lo seguiremos siendo hasta que la humanidad produzca su último suspiro.

Lo que vestimos, comemos, decimos y actuamos va a ser siempre visto por alguien (o casi siempre, y más aún con las RR.SS.), por lo tanto, todas tenemos poder de influencia. Este será mayor o menor en relación a la credibilidad que tengamos en nuestro círculo familiar y de amistades (y proporcional a las ganas de incorporar nuevos hábitos de estos), pero siempre va a estar ahí.

Se puede ver claramente en cómo los hijos aprenden de los padres (escribí este post hace unas semanas), ya que la repetición de las actuaciones de aquellas que para nosotras son la “autoridad” es una de las formas más rápidas de aprendizaje.

La influencia a veces se expresa en forma de envidia por parte del que te observa, de mofa o de resentimiento, pero todos ellos son sentimientos y comportamientos que con el tiempo (si el acto envidiado/mofado/odiado es relevante) se transforma en acción (con suerte, acción positiva).

Y hay algo tan y tan bonito que quizá haya mencionado en el blog anteriormente pero que no logro encontrar que (para mí) puede ser la influencia más pura y positiva en acción… el Efecto Pigmalión, descrito por primera vez en 1965 por el psicólogo Robert Rosenthal. El Efecto Pigmalión también es conocido como “la profecía autocumplida” y proviene del mito de Pigmalión y Galatea. Explicado brevemente, podría decirse que las expectativas que proyectas en una persona (y la manera de transmitírselas) van a ser un gran qué en la realización o no del propósito de dicha persona. Es por ello que creo en el Efecto Pigmalión positivo, en animar a las que nos rodean y argumentar mientras realzamos sus cualidades que van a ser capazes de realizar aquello que se propongan.

Todas podemos ser influencers, coaches y magas si nos lo proponemos. La clave está en ser conscientes, seguir siendo nosotras mismas y actuar en consecuencia.

La vida hará el resto.

Love, Janira x

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