¿De dónde me siento?

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the rush of places unknown, untouched

 

En un viaje pasan cosas programadas, cosas inesperadas, cosas bonitas, milagros y siempre siempre siempre se repiten clichés. El más usado internacionalmente al interactuar con las personas que te vas encontrando por el camino es preguntar por la nacionalidad (muchas veces antes que cuestionar el nombre).

¿De dónde eres? Where are you from? Wo bist du? Dove sei? De onde é? D’on ets? D’òu viens tu? Где ты? Fejn int?

La respuesta, en mi caso, siempre es clara y concisa: Barcelona, Spain. Y suele ser la más efectiva si el propósito no es quedarse hablando mucho rato y facilitar la situación en el marco mental del otro.

Aunque, personalmente, creo en trascender la clasificación individual por división geopolítica e ir un poco más lejos. Rebuscar un poquito más en las almas de las personas y preguntarnos, con una sonrisa y las mejores intenciones:

¿De dónde te sientes?

Hay un término que define muy bien como me siento, que todos (o casi todos conocemos), y es el concepto de “ciudadano del mundo”. En un blogpost que no voy a redirigir desde aquí (porque es bastante penoso), se criticava con furia este concepto y se tildava (literalmente) de gilipollas a cualquiera que lo defendiera.

Y no estoy para nada de acuerdo.

Ser ciudadano del mundo no es una tontería, de hecho, creo que es una realidad que experimentamos cada vez más millones de personas. George Steiner dijo que “cada lengua es una visión distinta del mundo” y no puedo estar más de acuerdo. En mi caso, pienso en tres idiomas; catalán, español e inglés (y ojalá pudiera hacerlo en más) porque saber un idioma con tal profundidad te ayuda a comprender y empatizar con la cultura que lo usa. Recientemente he estado en Japón y he compartido muchos momentos con gente (y en especial tú, Marina), que domina o conoce muy bien el japonés, y eso me ha ayudado a que me explicaran la manera de pensar japonesa. Y sus consiguientes actos. Por ejemplo: un japonés no te dirá nunca “quiero agua” sino que usará más bien una construcción tal que: “pienso que quiero agua”, siempre con pies de plomo para no causarte ningún inconveniente si no pudieras proporcionarle agua o no parecer demasiado invasivo.

Aún conociendo que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo (como bien dijo Wittgenstein), me considero ciudadana del mundo porque me siento como en casa en cualquier avión del mundo, en el piso más alto del rascacielos de una gran ciudad o en alguna mohosa habitación de hotel de un lugar como Calcutta. Porque casa no es un lugar, sino una sensación (gran tópico, aunque muy cierto).

Intentar comprender las formas de vida de personas completamente distintas me resulta apasionante, y pese a las desgracias que suceden a diario y los conflictos con tintes crónicos que están pasando soy meliorista convencida.

La curiosidad y la adaptación son dos características esenciales para cualquiera que viaje con ganas de sumergirse en un entorno nuevo. Viajando se experimenta la frase de “la vida empieza fuera de tu zona de confort” en primerísima persona. Decir que los millenials viajamos sólo porque nos gusta el postureo es grave, (y ya no hablamos cuando se dice eso de los que deciden ir a hacer un voluntariado), porque el postureo se puede hacer de muchísimas maneras, pero viajar implica demasiadas cosas como para hacerse por “mero postureo”.

Miriam Adeney, autora y viajera entre otros dijo que: “You will never be completely at home again, because part of your heart will always be elsewhere. That is the price you pay for the richness of loving and knowing people in more than one place”. Y qué bonito tener el corazón repartido entre localidades y personas del mundo.

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Así que sí, soy ciudadana del mundo, soy de aquí y soy de allí, soy energía y movimiento. Adoro Barcelona, estoy enamorada de Llavaneres y de la calidez española, del talento catalán, de la arquitectura y de los paisajes ibéricos pero siempre que tenga la oportunidad, estaré embarcando cualquier tipo de transporte que me facilite conocer los rincones de este lugar que siento como mío y a la vez comparto con otros más de 7 mil millones de individuos.

Este bonito y apasionante lugar llamado mundo.

Love, Janira x

 

 

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