Me gustas mucho

Me inspiras. Me enamoras.

Madrid, eres preciosa.

Nos conocimos un verano del 2009, y puede decirse que fue amor a primera vista. Tu tan señorial y yo tan amante de lo clásico, lo nuestro estaba predestinado.

Siempre he creído que viajar es mágico y tener la suerte de haberte podido visitar tres veces es una bendición. Hace unos días hablaba con una de mis amigas del alma sobre la belleza de conocerse a uno mismo viajando y me puse a pensar sobre como te conocí.

Te vi por primera vez con 11 añitos, con miles de ganas e ilusión por descubrirte y muchos aires de turista (lo confieso, me compré el típico bolso feo que pone: MADRID). Pero aún así pude enamorarme del Retiro, admirar la grandeza del Palacio Real, visitar y comer en el exquisito Museo del Traje y descubrir, junto a mi madre, el indescriptiblemente sublime Jardín de las delicias de Bosco. Estuve también en las recién construidas cuatro torres y Madrid me pareció una ciudad fascinante.

Sabía que volvería y sabía que volveríamos a encontrarnos. Pero nunca imaginé que nuestra segunda rencontre iba a ser tan especial. Había conocido a Paula (en un viaje de estudios a Malta) y nos habíamos prometido volver a vernos. Ella vino a Barcelona y más tarde (tras rogar un poquitín a mis padres que me dejaran ir) la visité y te volví a descubrir. Este segundo contacto duró tres días, al igual que el primero y el último.En ese momento era una estudiante de bachillerato inquieta y muy amante de los viajes (y eso no ha cambiado), que aprovechaba cada instante para soñar despierta y tenía mil sitios por visitar en su bucket list (eso tampoco ha cambiado). Este viaje fue el preludio de lo que serían todos los siguientes: aproveché cada momento y exprimí hasta el último segundo. Durante esos días alquilamos unas bicis y pedaleamos por todo Madrid, sin dejarnos ningún must de la ciudad. Y ya la empecé a sentir como mía.

Pero esta última vez ha sido aún más especial. He vivido en la ciudad cómo si fuera una madrileña más, o así lo he creído al degustar, junto a Paula, un Albariño en el mercado de San Miguel. No hemos parado de visitar los tesoros de la capital. Y me he enamorado de la gente, porque una ciudad no es sólo los edificios ni los planes por hacer, una ciudad es sus habitantes. Madrid respira cultura, arte y  literatura. Madrid es pura poesía. Ojalá pudiera perderme con más frecuencia por el barrio de las letras o degustar unas ostras en Malasaña mientras Bécquer y el Escorial forman parte de nuestra conversación. Ojalá siempre tuviera que hacer cola para entrar a un museo.

Somos lo que hacemos y cuando visitamos lugares desconocidos, esta teoría se lleva inevitablemente a la práctica. Me gusta sacarle jugo a todos y cada uno de los minutos de mi vida, y así lo hago también cuando viajo.

Muchos besos personas bellas. Y que nunca nadie os diga que vuestros sueños no son válidos.

Este post es para ti, Paula. Gracias por tanto, especialmente por ser la principal culpable de que adore Madrid. 

Love, Janira x

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