Militar, neoliberal y conservador: así es el Gobierno de Bolsonaro

“Seguidores del presidente electo, Jair Bolsonaro, caminan frente a un muñeco gigante con su figura en la Explanada de los Ministerios”. EFE

El Gobierno de Jair Bolsonaro empieza con el incumplimiento de una promesa electoral. El presidente electo el pasado 28 de octubre -con un 55% de los votos- se comprometió a reducir los 29 ministerios actuales a 15, pero finalmente serán 22. La tijera no ha sido todo lo dura que Bolsonaro deseaba por una cuestión de “funcionalidad”, según ha afirmado, aunque han quedado fuera siete ministerios, entre ellos el de Trabajo.

La composición final del elenco ministerial está marcada por tres bloques distintos: siete ministros militares, ocho con perfil técnico y siete políticos. Todos unidos por una contundente crítica a los gobiernos izquierdistas del encarcelado Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) y la destituida Dilma Rousseff (2011-2016). Bolsonaro, conocido por sus declaraciones misóginas y racistas, declaraba durante la campaña que: “No es una cuestión de colocar cupos de mujeres. Si ponen mujeres porque sí, van a tener que contratar negros también”. Así pues, su gobierno cuenta tan solo con 2 mujeres y diversidad étnica nula.

“Es un equipo inusitado, con tres grupos con objetivos muy distintos: un grupo nacionalista-antiglobalista, que se orienta en la política populista de Donald Trump; un grupo de neoliberales que controla la parte económica, y otro de militares con influencia en varias áreas”, explica a la Agence France-Presse Oliver Stuenkel, profesor de Relaciones Internacionales de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).

Pero la elección más polémica hasta la fecha de Bolsonaro, que ha empezado a gobernar este 1 de enero -tras el mandato del actual expresidente Michel Temer- ha sido, sin duda, la elección del juez Sérgio Moro como ministro de justicia. Moro, conocido por condenar a 12 años de prisión al expresidente Lula da Silva, dijo en un comunicado que aceptó el cargo con “la perspectiva de implementar una fuerte agenda contra la corrupción y contra el crimen organizado, respetando la Constitución, la ley y los derechos”.

Lula, en una entrevista exclusiva para la BBC hecha a través de cartas desde la prisión, acusa a Sérgio Moro de tener “una agenda política”. El expresidente, líder del Partido de los Trabajadores, tenía una amplia ventaja sobre su rival más cercano, Bolsonaro, antes de que se le prohibiera postularse para la presidencia. Fue entonces cuando se dictó sentencia, el pasado mes de abril, en una causa en la que el juez Sérgio Moro no presentó pruebas que vincularan directamente al exmandatario con los crímenes que se le imputaban. “Fui encarcelado para evitar que ganara las elecciones presidenciales de 2018, en las que fue elegido el ultraderechista Jair Bolsonaro”.

Sérgio Moro defiende que la decisión que tomó “no es una decisión de un solo hombre” y añade que su nombramiento como ministro de justicia “no tuvo nada que ver con la condena”.

Otra de las decisiones controvertidas del Gobierno de Bolsonaro es la elección de Paulo Guedes, denominado el “Chicago Boy” por su doctorado en la Universidad de Chicago -conocida como el templo intelectual del liberalismo económico-, como ministro de economía. Es considerado uno de los padres de los Chicago Boys, un grupo de economistas capitaneados por Milton Friedman, economista defensor del libre mercado. El grupo de economistas impulsó reformas que en la segunda mitad del siglo XX influenciaron las medidas reformistas liberales de países como Estados Unidos, Reino Unido y Chile.

Guedes es un crítico feroz del Partido de los Trabajadores (PT) y su intención principal es privatizar todas las empresas estatales, incluidas Petrobras, la petrolera semi-pública brasileña y el Banco do Brasil. Durante la campaña electoral, Jair Bolsonaro usaba su desconocimiento sobre lo económico como arma electoral, para hacer chistes. A cada pregunta sobre economía que le lanzaban los periodistas, citaba a Guedes, su economista predilecto: “Me voy al Posto Ipiranga y le pregunto a Paulo Guedes”. Esta referencia a la gasolinera Posto Ipiranga parafrasea un popular anuncio de la compañía en la que el cliente resuelve todas las dudas y problemas sin preocupación alguna.

De la misma forma que Bolsonaro no tiene reparos en afirmar que su desconocimiento en economía es importante, tampoco ha negado nunca su nostalgia por la dictadura militar que vivió Brasil durante casi 20 años, de 1964 a 1985. Así pues, ha nombrado vicepresidente al general Hamilton Mourao y siete ministros militares: tres generales en Defensa, Secretaría de Gobierno y Seguridad Institucional, y a otros cuatro en Minas y Energía, Ciencia y Tecnología, Contraloría General de la Unión e Infraestructura.

Los sectores contrarios al Gobierno de Bolsonaro sienten una preocupación incipiente ante la posibilidad de un Golpe de Estado, “con Bolsonaro puede pasar cualquier cosa”, explica el correrponsal freelance Víctor David López. Por otro lado, el politólogo Gramacho afirmaba en declaraciones a la AFP que “Todavía está por ver la fuerza de los militares en el futuro Gobierno y su interés en ejercer mayores cotas de poder”.

¿Y los derechos LGTBI?

“Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí… Para mí, estaría muerto de cualquier forma”, afirmó Bolsonaro en una entrevista para la revista Playboy en 2011 y en diversas ocasiones durante su campaña presidencial. No obstante, parece que la elegida para el ministerio de Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, pese a ser una pastora evangélica, no quiere declarar la guerra al colectivo LGTBI: “Es posible tener un gobierno de paz entre el movimiento conservador, el movimiento LGBTI y los demás movimientos”, afirmó.

Con la premisa de “Dios por encima de todo”, Bolsonaro ha nombrado a Ernesto Araújo como canciller, quién prometió limpiar el ministerio de Exteriores de todo vestigio de “marxismo cultural”; y el filósofo colombiano Ricardo Vélez Rodríguez, que ocupará Educación, que opina que “quien define el género es la naturaleza”.

La política de intercambio de cargos por apoyos partidarios, conocida como “el toma y daca” tampoco va con Jair Bolsonaro, que se ha negado rotundamente a hacer concesiones políticas. No obstante, sí que ha negociado algunos ministerios como el de Agricultura, para obtener un apoyo clave y reunir transversalmente a parlamentarios del agronegocio, a los partidarios de la liberalización del porte de armas y a los evangélicos.

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